Introducción a LIGO y a las ondas gravitacionales

INTRODUCCIÓN


Imagen de la Nebulosa del Cangrejo

La Nebulosa del Cangrejo es la nube de restos de una supernova (explosión estelar) observada en 1054. En el centro de la nebulosa se encuentra un púlsar (un tipo de estrella de neutrones) remanente de la estrella que explotó. Tanto las explosiones de supernovas como los púlsares son fuentes potenciales de ondas gravitacionales.

A lo largo de la historia, los humanos se han valido de diferentes formas de luz (ondas electromagnéticas) para observar el universo. Hoy en día, nos encontramos a las puertas de una nueva frontera en astronomía: la astronomía de ondas gravitacionales. Las ondas gravitacionales transportan información acerca del movimiento de los objetos en el universo. Puesto que el universo ya era transparente a la gravedad momentos después del Big Bang y mucho antes de serlo a la luz, las ondas gravitacionales nos permitirán observar la historia del universo hasta instantes mucho más remotos. Y dado que las ondas gravitacionales no se absorben o se reflejan en la materia del resto del universo, podremos “ver a través” de los objetos que se encuentren entre la Tierra y la fuente de ondas gravitacionales. Pero, sobre todo, las ondas gravitacionales contienen la promesa de lo desconocido. Cada vez que los humanos hemos mirado al cosmos con nuevos “ojos” hemos descubierto algo inesperado que ha revolucionado la forma en la que vemos el universo y nuestro lugar en él. Hoy en día, con el detector estadounidense de ondas gravitacionales (LIGO) y sus homólogos internacionales, nos estamos preparando para mirar el universo con un nuevo par de ojos que no dependen de la luz.

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